#miguel hernández Tumblr posts

  • ¡Qué dolor vuestro tacto y vuestra vista!

    Miguel Hernández

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    “Hey, Sensei, it’s Miguel… my mom is working tonight, so maybe we could grab a burger at that place you like?? i’ll talk to you later.” — Miguel

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  • Lark of my house,
    keep laughing.
    The laughter in your eyes
    is the light of the world.

    -From Selected Poems by Miguel Hernandez, translated by Robert Bly, edited by Timothy Baland

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  • Si es solo la vida que nos ha puesto en distintos bandos, si es solo eso…

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  • “Aquí estoy para vivir
    mientras el alma me suene,
    y aquí estoy para morir,
    cuando la hora me llegue,
    en los veneros del pueblo
    desde ahora y desde siempre.
    Varios tragos es la vida
    y un solo trago es la muerte”.

    Miguel Hernández

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  • Miguel Hernández. 31. Cancionero y romancero de ausencias. [03]

    #Miguel Hernández#31 #Cancionero y romancero de ausencias #[03]
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  • Sentí cómo se me drenaba la sangre, como si de repente hubiese sido halada por una gravedad de la magnitud de Júpiter y no de la tierra. No lo había visto desde ese último día en que todo entre los dos había cesado. Esta no es una historia de desamor, aunque no puedo decir que no haya desamor en ella. Esta es una historia sobre una fractura que sana mal y siempre duele. Una historia sobre un tendón que es proclive a volver a doblarse por donde ya se ha lastimado. Es decir, la historia de cualquier dolor que no se olvida. Y no, quisiera de antemano responder, no es falta de voluntad. Es el rayo que no cesa, la sángre pálida hasta el temor y hasta el destello
    basta la imagen diferida para que la respiración se corte
    basta con la memoria de un espacio
    la sombra por el rabillo del ojo
    el recuento ajeno que habla de lo mismo
    basta con que el cuerpo no baste para contener el pasado y se quiebre.

    Es difícil. He vuelto de la Ciudad de I hace poco pero no veo a nadie. Quizá esto sea lo único afortunado de la crisis sanitaria del momento: mi localidad es mi nación, mi ciudad son tres ventanas y mi casa es mi universo. Poco hay más allá. Entonces no temo tanto cruzar por los mismos lugares, no temo que en una reunión de amigos terminemos por vernos. Porque eso es algo que me perturba, todos nuestros amigos. Cómo decirle a alguien lo que hay debajo de un rostro, debajo de capas y capas de discurso, anécdotas, cenas en conjunto, momentos en donde estuvimos reunidos antes de los quiebres, cómo decirles que nada luego de ese punto tiene sentido, y que nada antes de ese punto es ahora creíble. Respiro corazones por la herida hasta 
    cuándo será suficiente
    el tiempo que ha pasado
    para mitigar el horror
    lo incómodo y el asco
    para hablar sin la verguenza que dicen que no debe tenerse
    pero se tiene
    por la culpa que dicen que no debe tenerse
    pero que hace que todo hieda
    hasta el hartazgo
    hasta que haga falta un nuevo cuerpo que no conozca nadie
    ni yo
    si fuera posible

    Ha sido una temporada inviable de acusaciones por diversos delitos y agresiones sexuales. Cada día nuevas noticias. Lo curioso es que entre más macabras las historias más distantes se sienten. Es quizá por eso que uno no se atreve a decir ‘esto es un abuso’, ‘esto es una violación’. Sumado al estigma, cualquier situación en la que haya estado palidece frente a la de una niña violada por un grupo de soldados. Palidece, sí, pero no deja de existir. Un daño es un daño. 

    Este pedazo es para ti: te voy a explicar algo simple. Un hombre y una mujer se quieren, como dice Sabines, 
    se van quedando solos poco a poco,
    algo en su corazón les dice que están solos,
    solos sobre la tierra se penetran,
    se van matando el uno al otro.
    Te voy a explicar la muerte. Estás tú, que eres el hombre, y estoy yo, que soy la mujer. Estamos los dos sentados en la sala de tu casa. Te extiendes, te recuestas sobre mis piernas un momento para descansar. Estamos ebrios, cansados, hartos. Mi cuerpo eléctrico está lleno de tierra. Nos besamos. Esto continúa. He dicho que sí. Tengo miedo de retractarme. Tengo miedo y nunca he sabido hacerlo. Siempre te he dicho que sí, siempre he pensado que así vas a quererme. Pero me estás lastimando. Estás haciendo algo que disfrutas, con lo que sientes que tienes poder sobre mí pero yo no lo estoy disfrutando. Te hago un gesto para que pares. Te digo ‘para, no puedo más’. Me dices que no, que ya te falta poco. Corro al baño. Hay sangre, mocos, lágrimas, mierda.

    Sabines dice luego 'todo se hace en silencio’. Te voy a explicar el silencio. Yo sigo. Y me vas a decir, y a lo mejor los amigos también, y a lo mejor el público también, los peritos y conocedores que saben de mí más que yo, ‘¿por qué seguiste?’. No lo sé, esa es la verdad, no lo sé. Ya no pensé nada. ¿Puedo decir que mi cuerpo se movía más allá de mí? Intentaste de nuevo del mismo modo en que dolía y me acomodé de alguna manera para impedirlo. A la mañana siguiente estaba hastiada pero una vez más viniste. Cualquier día despiertan el hombre y la mujer y piensan que lo saben todo. Te dije que sólo éramos buenos para eso. Para dañarnos. Pero no sé qué daño te hice yo a ti que pudiera ser tan grande.

    Tuve mucho tiempo en la Ciudad de I para pensar. Para aprender. Para fraccionar los recuerdos y ejecutar un análisis. Para llorar y gritar y tener ataques de pánico. Para hacer terapia por síndrome post-traumático. Para lidiar con los picos y los valles maniaco-depresivos. Gracias. No habría sabido que tengo transtorno bipolar si no hubieras desatado una crisis psicótica, si no hubiera creído que estaba loca, oyendo voces y tratando de arrancarme la piel. Te escribí, le escribí a este hombre, esa mujer le escribió a ese hombre, uno o dos correos sueltos y toda una tesis. Y vomitó. Y hubo sangre, mocos, lágrimas, mierda.

    Ahora que he regresado solo le he contado a una persona todo esto, con los detalles que no fui capaz de admitir ni siquiera en terapia. Ese día salí con mi tapabocas y tuve tanta rabia de llorar a medias por no ir a ahogarme. Pero era mejor que nada. Era mejor que el encierro multiplicado del no decir. Hablé del carnívoro cuchillo y las pestañas, de lo imposible de esta labor de darle nombre a lo que ha pasado, labor de huracán, amor o infierno. Y cada día desde ahí he vivido con la imagen que trae por fin la honestidad del relato, en el alivio y el dolor que la admisión conlleva. Declarar que existe. Declarar que hoy, cuando llegué por casualidad a una charla donde él era un ponente, un experto, se me durmió la sangre en la camisa.

    Localicé mi pena en un punto y traté de contenerla: este es mi texto. 

    Es una pena muy sola. Y ahora que la escribo creo que es una manera de hacer que no me toque cargarla sola pero es falso. Lo que ha pasado es mío y lo que venga de eso lo tendré que resolver yo. Pero estoy agotada de estar sola. Estoy agotada de que no sepamos qué decirnos. Aún pienso en la mujer de este hombre, en todas sus amigas, en todos nuestros amigos (de nuevo) que no saben nada. A los que no les digo nada porque tengo miedo. Y porque, en el fondo de mi perversión, no quiero que lo sepan. Porque no puedo evitar imaginar cómo se desdice todo lo que he contado. Porque podría pasar que me quedara todavía más sola, abandonada por incredulidad o porque reiteraran que se trata de mi delirio. No quiero que lo sepan para que la imagen de este hombre no se caiga. Qué es lo que estoy diciendo. Cuando todos los días en que vivo con esto mi imagen de mí vive en la fractura tengo miedo de este hombre y su imagen. Tengo miedo de su poder de pequeño conocedor en un pequeño gremio en esta ciudad diminuta en este pais pequeñito en la esquina de un continente. Su cuerpo me parece una masa capaz de curvar la realidad. Y yo solo tengo esto para defenderme: este lenguaje precario. 

    Este odio, a veces. Esta ira, a veces. Esta impotencia, a veces. Repito a Miguel Hernández, digo, ¿a dónde iré que no vaya mi perdición a buscar? 

    Todo lo que quiero es disipar el dolor de astilla que no sana, una revolución dentro de un hueso, desaparecer

    el rayo de esa memoria
    un rayo que no cesa

    #miguel hernández#jaime sabines#tristeza#nombrar #rastrojos de difuntos #el rayo que no cesa #yo no lo se de cierto
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  • Miguel Hernández. 24. Cancionero y romancero de ausencias. [13]

    #Miguel Hernández#24 #Cancionero y romancero de ausencias #[13]
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  • Elegia a Ramón Sijé (Compañero)


    En Orihuela, su pueblo y el mío, se me

    ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con

    quien tanto quería.


    Yo quiero ser llorando el hortelano

    de la tierra que ocupas y estercolas,

    compañero del alma, tan temprano.

    Alimentando lluvias, caracolas

    y órganos mi dolor sin instrumento

    a las desalentadas amapolas

    daré tu corazón por alimento.

    Tanto dolor se agrupa en mi costado,

    que por doler me duele hasta el aliento.

    Un manotazo duro, un golpe helado,

    un hachazo invisible y homicida,

    un empujón brutal te ha derribado.

    No hay extensión más grande que mi herida,

    lloro mi desventura y sus conjuntos

    y siento más tu muerte que mi vida.

    Ando sobre rastrojos de difuntos,

    y sin calor de nadie y sin consuelo

    voy de mi corazón a mis asuntos.

    Temprano levantó la muerte el vuelo,

    temprano madrugó la madrugada,

    temprano estás rodando por el suelo.

    No perdono a la muerte enamorada,

    no perdono a la vida desatenta,

    no perdono a la tierra ni a la nada.

    En mis manos levanto una tormenta

    de piedras, rayos y hachas estridentes

    sedienta de catástrofes y hambrienta.

    Quiero escarbar la tierra con los dientes,

    quiero apartar la tierra parte a parte

    a dentelladas secas y calientes.

    Quiero minar la tierra hasta encontrarte

    y besarte la noble calavera

    y desamordazarte y regresarte.

    Volverás a mi huerto y a mi higuera;

    por los altos andamios de las flores

    pajareará tu alma colmenera

    de angelicales ceras y labores.

    Volverás al arrullo de las rejas

    de los enamorados labradores.

    Alegrarás la sombra de mis cejas,

    y en tu sangre se irán a cada lado

    disputando tu novia y las abejas.

    Tu corazón, ya terciopelo ajado,

    llama a un campo de almendras espumosas

    mi avariciosa voz de enamorado.

    A las aladas almas de las rosas

    del almendro de nata le requiero,

    que tenemos que hablar de muchas cosas,

    compañero del alma, compañero.


    Miguel Hernández, 1936

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  • La sangre está llegando a su apogeo
    en torno a las criaturas, como palma
    de ansia y de garganta inagotable.

    ¡Oh, primavera verde de deseo,
    qué martirio tu vista dulce y alma
    para quien anda solo y miserable!

    Miguel Hernández

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  • I was born under a bad moon. My grief is that I have one grief which outweighs all the joy there is.

    Miguel Hernández, Selected Poems: I Have Lots of Heart

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    Like you, I can’t sleep, because I love too many things, and my heart, dressed like the dead, overflows towards the universe.

    ▪️Miguel Hernández, Completed Poems: Death

    (Taken by me)

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  • Llegó con tres heridas:
    la del amor,
    la de la muerte,
    la de la vida…

    Miguel Hernández

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