#wildestlovers Tumblr posts

  • image
    image

    @taylorswift @taylornation

    This @taylorswift style hair was iconic!

    ❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️💞💞💞💞💞💞💞💞💕💕💕💕💕💕💕💕💟💟💟💟💟💟💟💟

    @taylorswift

    💋💋💋💋💋💋💋💋💖💖💖💖💖💖💖💖💗💗💗💗💗💗💗💗❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️

    @taylornation

    View Full
  • « Fóllame. Un poquito… ».

    Quiso enfatizar aquella última súplica verbal de un modo un poco más…, corporal. A pesar de haber obedecido, de habérselo pedido; ella necesitaba sentirse dueña de la situación, aún sabiendo que en aquellas circunstancias era complicado. ¿Cómo? Llevando a cabo una sutil e insinuante maniobra. Sin apartar la mirada de su pareja, Eleanor emprendió el primero de los movimientos sobre aquella cama de hospital. Quizá no pudiesen hacerlo, quizá profundizar en la relación íntima era ir demasiado lejos, quizá tendrían que conformarse con una masturbación y/o preliminar a dos bandas: ya fuese haciendo uso de mano y dedos, o de una sesión de sexo oral. No obstante, aquello no pareció frenar a la veinteañera.

    Dado que comenzó a deshacer el nudo que mantenía aquella bata unida a su anatomía: tiró de aquel lazo, lenta y paulatinamente hasta que, éste, por sí solo; dio de sí. Todo ello, mientras la carnosidad de sus labios comenzaba a lubricarse gracias a una densa capa de saliva que trasfirió con la punta de la sinhueso por su superficie.

    Entonces… Sin necesidad de deshacerse totalmente de aquella prenda (pues sabía que en cualquier momento podría entrar alguien a la habitación) liberó a sus senos, ahora desnudos y expuestos, de aquel temporal y cálido refugio. Acto seguido, echó a un lado la sábana que mantenía sus piernas cubiertas para poder mostrarle a su pareja una paranoica que, con suerte, no pudiese olvidar.

    Agarró el bajo de aquella bata e, inmediatamente después, comenzó a subírsela por las piernas para dejarla arrugada a la altura de la cintura. ¿Qué hizo entonces? Comenzar a separar, centímetro a centímetro, una extremidad de la otra. Sin prisa. Sin pausa… Sin perder el contacto visual. Antes de que el americano pudiese adelantarse, la joven tomó la iniciativa y se aventuró a atrapar el filo de su ropa interior para, segundos después, comenzar a deslizar aquella fina tela por las piernas. (Tarea que, por supuesto, se quedaría a mitad de camino -a la altura de las rodillas- por la molestia en el costado derecho). ¿Por qué? Porque no sólo quería mostrarse sexy ante él, quería exponerse como tanto le gustaba. Sentirse desnuda, vulnerable, deseada ante aquella mirada.
    ▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬
    « Fóllame. Un poquito… ».

    Nada más echar un fugaz vistazo al reloj que decoraba una de las paredes del dormitorio, la mano derecha del veinteañero fue orientada hasta dar con el lateral opuesto del cuello femenino. — Un poquito… — Reprodujo con debilidad, al mismo tiempo que, de las yemas de sus dedos, hacía florecer un gradual y tenue roce.

    Si la memoria no le fallaba, todavía disponían de treinta minutos por delante antes de que Eleanor fuese sometida al pertinente y ordinario chequeo de media tarde: razón por la cual, sumido en el más absoluto e íntimo de los silencios, comenzó a deshacerse de la camiseta básica que portaba aquel día. En el caso de los zapatos, los calcetines y el pantalón, todos y cada uno de ellos corrieron la misma suerte que la prenda antecesora, al quedar desperdigados sobre la superficie del suelo. — ¿Ves esto? — Murmuró, conforme hacía descender la cinturilla elástica del bóxer y revelaba, frente a los ojos de su pareja, una pequeña cantidad de vello púbico perfectamente cuidado. — Tan sólo me desharé de él si eres capaz de hacer lo propio con tu ropa interior. — Emitida la propuesta, la atención del americano se dedicó a escoltar los lentos movimientos estaban desarrollándose sobre la superficie de una cama que, con el transcurso de los segundos, no tardaría en ocupar.

    Tan cumplidor como desnudo, asentó sendas rótulas bajo el colchón. Una vez se hubo asegurado de situarlas estratégicamente junto a las inmediaciones de la cadera femenina, adaptó la palma de su mano menos hábil a unos escasos centímetros del cuello de su pareja; también sobre las sábanas.

    — Tan sólo para que me quede claro… — Comenzó diciendo, a medida que se ayudaba de la mano vacante para recorrer, ascendentemente, el muslo izquierdo de su chica. — ¿Quieres que te folle? — Se interesó en saber, a la par que terminaba de anclar la pierna semi-flexionada de Eleanor, a la altura de su propia cadera. — ¿Un poquito? — Aquel murmullo fue acompañado de un sonoro escupitajo: de un denso y cálido esputo, el cual sería transferido de las yemas de sus dedos centrales, hasta el clítoris femenino, describiendo círculos. Perfilando contornos interiores y exteriores. Transitando horizontal, o verticalmente a través de su piel. Apeándose, incluso, hasta la entrada vaginal. Todo ello, al mismo tiempo que se deleitaba con el sugerente remolque de su lengua desde el mentón hasta la boca ajena.
    ▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬
    « (…), ¿quieres que te folle? ».

    Un apenas audible ‘hm-mm’ fue todo cuanto consiguió murmurar la veinteañera, coincidiendo en el tiempo con un par de asentimientos de cabeza con el fin de enfatizar aquella escueta respuesta mientras, su mirada, iba recorriendo con excesiva lentitud distintas zonas de la anatomía masculina, en dirección, por supuesto, descendente: mandíbula, clavículas, torso, abdomen…, hasta condesar (momentáneamente) la atención en su virilidad.

    Era capaz de noquearla. De alterar todos sus sentidos tan sólo con su completa desnudez. De agitar su respiración con el uso de determinados términos. De hacer palpitar su punto más débil al escuchar cómo escupía esa cantidad de saliva en sus dedos para transferírsela después. Por una vez, después de quien sabe cuánto tiempo, la muchacha no quiso privarse del sentido de la vista. Todo lo contrario, quiso visualizar la escena sin perderse ni el más mínimo detalle. Tal vez por eso, cuando aquel cálido río de saliva comenzó a calar su vagina, a entremezclarse con esos propios fluidos propios no sólo de la excitación, sino también de la expectación; meneó con suavidad las caderas. De arriba hacia abajo… Con una delicadeza que pocas veces (desde estaban juntos) había empleado para acompasar ritmos e intensificar esa deliciosa sensación que comenzaba a hacerla sentir.

    No obstante, necesitaba más. Quizá no se trataba de profundidad, sino de… Intimidad. Anhelaba sentirlo. Piel contra piel. Corazón con corazón. Labio sobre labio. Eleanor hizo resbalar la extremidad izquierda por encima de su propia piel, hasta sobrepasar la masculina y, alcanzar su objetivo: su miembro. Sorprendentemente, ni siquiera sintió el deseo de masturbarlo. No quería estimularlo manualmente. Lo quería dentro. Quería sentirse plena. Llena. Por eso, fue atrayendo éste hasta acertar, tras un par de refregones, a colocar el glande sobre su orificio vaginal.

    — Un poquito. — Susurró, con la voz rasgada; contra la boca ajena. A medida que introducía los primeros centímetro dentro e, instintivamente, empujaba las caderas en su dirección mientras volvía a reconducir la mano, esta vez, al costado masculino para aferrarse allí con la yema de sus dedos. Exhaló un suspiro. Conforme la penetración avanzaba, los labios femeninos fueron entreabriéndose, dibujando una ‘o’ mayúscula: que finalmente exclamó en un gemido ronco y ahogado.

    La mano vacante (la derecha) acabó anclándose a la garganta masculina, donde acabó oprimiendo las yemas cuando la erección de su pareja fue abriéndose paso entre sus paredes vaginales, hasta finalmente culminar la primera penetración.
    ▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬
    Del mismo modo en que Eleanor no necesitó comunicarse oralmente con su pareja para transmitirle aquello que, en esos precisos momentos, necesitaba sentir; el americano procedió a adecuar su conducta a las pretensiones y anhelos femeninos, prescindiendo de una estimulación que apenas había comenzado a desarrollar.

    Nunca antes una apertura de piernas había sido tan lenta, ni tampoco tan íntima, como la que tuvo lugar en el interior de aquellas cuatro paredes.

    No sólo se trataba de unas manos señalando el camino, ni de unas piernas exhibiendo una consecutiva y manifiesta colaboración. Aquello…

    Aquello se trataba de las miradas.

    De la confianza, incondicional.
    De las respiraciones entrecortadas.
    De la tensa y dulce espera que ambos buscaban generar en el contrario, propiciando furtivos encuentros entre sus sexos.
    Consciente de las dolencias que aún padecía Eleanor, el muchacho decidió sincronizarse a ésta por completo; reproduciendo en cada uno de sus movimientos una cadencia e intensidad prácticamente sinónimas a las empleadas con anterioridad por la fémina. Sin embargo, aquel noble propósito no tardó en ser internamente cuestionado.
    Aquella plácida e innata estrechez vaginal ocasionó que, durante un fugaz lapso de tiempo, la cadera masculina presionase la ajena y, en consecuencia, la penetración progresase a un ritmo mucho mayor del esperado. A la sonora exhalación que abandonó el interior de sus labios pronto se sucedió una posterior, diferenciada de la primera con apenas con unos segundos entre sí, debido a la consumación de un segundo y fluido envite.

    Cuánto y de qué modo la quería.

    Esa tarde, a pesar de las circunstancias que rodeaban la celebración de su aniversario y del lugar en el que se encontraban, quería hacerle el amor.

    Quería que se sintiese escuchada.
    Atendida y complacida.
    Pero, sobre todo, quería que se sintiese amada.

    Tal vez por aquella razón, los labios del veinteañero fueron a parar sobre el oído ajeno más próximo a su ubicación. — Eres lo mejor de mi vida. — Confesó entre susurros, a medida que abandonaba por completo el sexo femenino con el único y posterior propósito de proceder a la constitución de una nueva y flemática penetración.

    View Full
  • Rainy Clouds and a Hazy Daze.

    Rainy Clouds and a Hazy Daze.

    it’s tuesday and she’s ashing her feelings off the terrace while her thoughts disperse like white smoke in the dusty blue sky. to be alone is to be able to withstand the still air and silence that accompanies you while you sit and dream about the next sunrise.

    with her hand beneath her chin and a subtle sigh, her eyes twinkle for what she looks forward to— some other and new day. “tomorrow will be different”, she thinks to herself every evening.

    View Full
  • x

    View Full
  • View Full
  • View Full
  • View Full
  • View Full
  • View Full
  • View Full
  • View Full
  • View Full
  • @tatsmagots

    @wildestlov
    View Full